Dolor, mucho dolor...o eso es lo que siento yo cuando veo desastres de vehículos "grandes" como los Porsche. Bien es cierto que muchas veces pienso en los accidentes de ricachones o jovenzuelos sin mucho sentido y por una parte pienso que se merecen el destrozo económico (jamás los daños a la propia persona, que conste). Pero en este caso parece que no ha habido falta de sentido común sino un simple accidente. Dos trenes que circulaban por Dillenberg, chocaron por causas desconocidas...
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