Al igual que dentro de nuestras fronteras estamos viviendo un tiempo de "desaceleración", la situación real allende nuestra piel de toro tampoco está como para tirar cohetes.
Si en las fechas del comienzo del automóvil hubo detractores que clamaron incluso por la ilegalización del mismo, en la época actual siguen existiendo voces críticas que demonizan al sector de las cuatro ruedas.
Curiosa situación cuando algunas de las empresas que están pasando por malos momentos deben en parte éstos a haber realizado políticas excesivamente paternalistas en el pasado.

Entre los demonios más recurrentes de la actualidad se encuentra la contaminación. No diré que el automóvil no contamina, pues sería faltar a la verdad. Ahora bien, el porcentaje de culpa real de la industria de la automoción es claramente inferior a la percepción que está recibiendo la opinión pública por parte de informaciones sesgadas.
En Estados Unidos los grandes constructores están pagando con graves problemas financieros los elevados costes de los planes de pensiones que prometieron a sus empleados. Eran ventajas salariales muy bien vistas pero que han resultado ser una gran carga. El paternalismo les está saliendo muy caro.
En cuanto a la ecología, varias marcas están pidiendo políticas coherentes por parte de los diferentes gobiernos, pues ya se estan produciendo políticas diversas en cuanto a emisiones que no hacen sino entorpecer el desarrollo de la industria. Cuando un país pone el límite en 5, el otro lo hace en 7 y el otro considera diferentes parámetros, las multinacionales del automóvil se las ven y se las desean para satisfacer a todos al mismo tiempo.
Lo políticamente correcto no siempre coincide con lo correcto a secas, y por eso en muchas ocasiones las medidas adoptadas contra el automóvil son exageradas, contraproducentes a medio o largo plazo e incluso, en ocasiones, ilegales.
Curioso es el caso de Porsche, que se enfrentó a la futura política de subida de impuestos por circular por el centro de Londres. El entonces alcalde, Ken Linvingstone, quería introducir un impuesto de 25 libras por día y persona en el centro de la capital británica a determinado tipo de vehículos. Porsche recurrió y, afortunadamente para la empresa alemana, ha ganado e incluso han condenado en costas a la parte contraria.
Eso sí, como no se trata de quedar mal, el actual alcalde de Londres, Boris Johnson, comunicó posteriormente que los planes de su predecesor eran erróneos e incluso quizás ilegales, así es que todos tan contentos. Los más beneficiados son los componentes del Skidz project. Este proyecto consiste en impartir cursos de mecánica para reintegrar a gente joven problemática, y ha sido el beneficiario de los ingresos que Porsche ha obtenido en el juicio.
La donación por parte de Porsche tiene también su parte política; así queda claro que no se trataba de ganar más dinero (o perder menos) sino de, sobre todo, hacer que la justicia prevalezca porque, obviamente, las marcas de automóviles quedan fuera del juego de lo "políticamente correcto" ¿no?







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