He titulado a este post presentación y lo ubico en la sección de blog porque, efectivamente, lo estoy viviendo en primera persona.

Ayer llegamos a Munich a última hora de la tarde, estuvimos perdidos por el tráfico de la ciudad durante más de una hora, llegamos al hotel con el tiempo justo para cambiarnos y, al fin, nos llevaron a ver el coche.
Si pensábais que el modelo iba a cambiar radicalmente os diré que ni sí ni no sino todo lo contrario. Para ser un coche nuevo es como si fuera ya algo conocido, pero teniendo en cuenta lo radical de algunos cambios de BMW y su más que dudoso gusto, me parece un cambio para bien.
El nuevo Serie 7 incorporará de momento tres mecánicas, dos de gasolina y una de gasóleo. Todos ellos recurren a dos turbos (tecnología básica cuando se desea alcanzar una buena cifra de potencia sin que los consumos se disparen -al menos los homologados-)
El 750i es un V8 con los turbos en el centro de la V para conseguir mejor rendimiento y una potencia final de 407 CV. Para el 740i nos encontramos con un seis cilindros en línea que desarrolla 326 CV -suficientes para impulsar al Serie 7 a 100 km/h desde 0 en sólo 5,9 segundos-.
Como no podía ser de otro modo, el diésel (730d) es también un seis cilindros que, en este caso, cuenta con los turbos trabajando en serie para ofrecer mejor respuesta en todo el rango de funcionamiento. La potencia de esta mecánica se sitúa en 245 CV con unas cifras de aceleración y consumo que coinciden: 7,2 segundos para alcanzar 100 km/h y sólo 7,2 litros por cada 100 kilómetros.
La curiosidad más relevante de las características técnicas del nuevo modelo se centra en la dirección a las cuatro ruedas. La ya conocida dirección activa de BMW se une a este sistema para generar lo que se denomina ahora como Dirección Activa Integral y que, al menos hasta donde yo alcanzo a recordar, es la primera dirección a las cuatro ruedas que existe en un vehículo de propulsión posterior.







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