Hoy vuelvo de la presesntación del Seat Ibiza en su versión de tres puertas. Una carrocería que desde la marca denominan -desde mi punto de vista un poco rimbombantemente- Sportcoupé. La curiosidad de esta presentación me ha venido, sobre todo, de haber probado una versión que todavía no se pone a la venta; el 1.6 de gasolina unido al cambio DSG.
Siempre he sido un firme defensor del cambio DSG, una transmisión manual robotizada con doble embrague que realiza cambios de marcha de manera casi instantánea. No obstante, de un tiempo a esta parte me llegaron informaciones desde diferentes lugares en las que me hablaban de posibles problemas -desgaste prematuro de los discos de embrague- con dicho tipo de transmisión que, afortunadamente, quedaban resueltos con el DSG de siete velocidades.

El caso es que el Ibiza que pude probar iba dotado, justamente, de esta última generación de DSG. Me avisaron que se trataba de un prototipo y que, por tanto, podía tener fallos de funcionamiento. Además, es la primera vez que se une esta mecánica (con sólo 105 CV) y el cambio DSG. Antes de cogerlo, mi pensamiento era que no se trataría de una "boda" demasiado afortunada.
Mi opinión después de haber conducido el vehículo ha variado radicalmente. En realidad es lógico, se trata de unir un motor con no demasiada potencia a un cambio con muchas posibilidades. El resultado es que el cambio permite a la mecánica funcionar en su régimen más adecuado dependiendo de las circunstancias sin hacer trabajar al conductor.
A velocidades mantenidas se mantiene en marchas largas, con lo que se reduce el consumo. Cuando las circunstancias requieren un poco más de energía, el conductor presiona el acelerador y el cambio reduce una, dos o las marchas que sean necesarias. Como dichas reducciones son muy rápidas y prácticamente imperceptibles desde el volante, la sensación es la de estar ante un coche de mayor potencia.
A pesar de tratarse de un prototipo -y por lo tanto no estar fabricado todavía en serie- mi opinión es claramente favorable. De hecho, pude comprobar cómo el cambio manual de cinco velocidades funciona bien con el 1.6 de gasolina pero a un nivel inferior si lo comparamos con el DSG.

En definitiva el 1.6 DSG demuestra una verdad antigua que a veces se nos olvida. Un buen motor puede quedar eclipsado por una transmisión mal escogida e, igualmente, una buena transmisión ayuda a aportar buenos resultados incluso cuando la mecánica no esté a su misma altura.







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